La piedad eucarística de los fieles depende en buena medida de que sus sacerdotes la vivan y, consiguientemente, la prediquen.
Si todos los fieles han de venerar a Cristo en el Sacramento, «los pastores en este punto vayan delante con su ejemplo y exhórtenles con sus palabras» (Ritual 80). En efecto, los sacerdotes deben suscitar en los fieles la devoción eucarística tanto por el ejemplo como por la predicación. Es un deber pastoral grave.